Una nueva estatua de Buda encontrada en Monóvar
En una cueva de Monóvar, un grupo de delincuentes muy despistados se topó con un hallazgo que dejó a todos boquiabiertos: una enorme estatua de Buda rodeada de un altar de lo más extravagante. Según ellos, la estatua les recordaba a una antigua vecina de la ciudad, esa señora que siempre pedía azúcar prestada y nunca devolvía nada.
La estatua medía nada menos que 2x4 metros y estaba rodeada de lo que parecía un conjunto de ofrendas bastante modernas: bolsas de gusanitos, patatas fritas, chupa-chups, gominolas de todos los colores, chicles, quicos y una infinidad de bollería y repostería capaz de marear a cualquiera. Algunos incluso juraban haber visto un croissant flotando en el aire, sostenido por la energía mística de Buda.
Uno de los delincuentes, tentado por el festín, se acercó y dijo:
—Voy a coger una bolsa de gusanitos…
Y entonces, para sorpresa de todos, la estatua exclamó con voz grave y profunda:
—¡Te complas!
El grupo se quedó paralizado. Algunos gritaron, otros se escondieron detrás de las mochilas con gominolas, y uno intentó hacer una reverencia al Buda comestible, por si acaso. Tras varios minutos de caos y exclamaciones, los delincuentes decidieron que probablemente era mejor dejar las ofrendas en paz… aunque uno consiguió llevarse un quico de recuerdo, que juró venerar todos los días como un amuleto de suerte.
Desde entonces, la cueva de Monóvar se ha ganado la fama de “el templo más dulce de España”, y algunos vecinos aseguran que, si vas a visitarla, debes llevar tu propia bolsa de chuches para no ofender al Buda.
Esta es la estatua encontrada por Toni Piojo y la enana.

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