Centenares de personas llorando tras volcar un camión en Alicante.

Alicante vivió ayer por la tarde una escena que dejó a autoridades y ciudadanos completamente desconcertados. A la altura de la entrada norte de la ciudad, cerca del conocido centro comercial, un camión articulado perdió el control y volcó en plena vía, generando un caos de tráfico sin precedentes. Lo sorprendente, sin embargo, no fue el accidente en sí, sino la reacción de los presentes.
Decenas de testigos, después centenares, comenzaron a llorar incontrolablemente. La escena se volvió tan emocional que muchos conductores tuvieron que abandonar sus vehículos por incapacidad para seguir circulando. Algunos fueron asistidos por servicios sanitarios al manifestar síntomas de ansiedad, opresión en el pecho y una sensación indescriptible de tristeza colectiva.
La policía local acordonó la zona ante la imposibilidad de gestionar la cantidad de gente afectada. Un agente llegó a informar de que “había personas arrodilladas en el asfalto llorando a lágrima viva sin explicación aparente”.
El conductor del camión, identificado como Rebustiano Sincarnetez Palúrdez, de 52 años, sufrió heridas leves pero pudo prestar declaración en el lugar, aunque todavía aturdido por el impacto.
Al principio, se barajaron varias hipótesis:
– posible derrame de sustancias irritantes,
– efectos psicológicos de un fuerte estrés colectivo,
– incluso un presunto escape de gas en los alrededores.
El caos aumentó cuando varios ciudadanos aseguraron que, en cuanto se acercaban al perímetro del accidente, un escozor intenso les obligaba a llorar sin descanso, y que cuanto más tiempo permanecían allí, más lloraban, llegando a niveles que algunos describieron como “llanto de funeral”.
Tras varios minutos de desconcierto, los bomberos lograron acercarse al camión para evaluar el cargamento, mientras los agentes buscaban una explicación racional que calmara a la multitud.
La explicación llegó… y resultó ser decepcionantemente simple:
El camión transportaba 20 toneladas de cebollas recién cortadas, de una variedad particularmente intensa usada para hostelería. Al volcar, la carga se aplastó y liberó un gas lacrimógeno natural tan potente que convirtió la zona en una cámara de tortura emocional al aire libre.
Según declaró Rebustiano:
“Yo mismo empecé a llorar dentro de la cabina. Pensé que estaba teniendo una crisis existencial o algo. Luego vi el cargamento desparramado y entendí… pero ya era tarde. Aquello era un infierno.”
Los servicios sanitarios confirmaron posteriormente que no existía riesgo tóxico, pero sí un “efecto irritante masivo” provocado por la concentración de compuestos sulfurados.
Tras el incidente, la carretera quedó reabierta varias horas después, aunque todavía se podían ver charcos de lágrimas en el arcén y algún conductor recuperándose emocionalmente en la cuneta.
Las cebollas fueron retiradas por un equipo especial con gafas protectoras y ventilación forzada.
Y, según fuentes no oficiales, unas cuantas fueron incautadas “por precaución”. Nadie quiso confirmar para qué.

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