Cristiano roba el dinero del cepillo de una iglesia

En Fátima, Portugal, un devoto natural de Navarra llamado Cristiano decidió emprender un camino de fe que pocos se atreverían siquiera a imaginar: recorrer varios kilómetros… de rodillas.

Pero no era un camino cómodo ni seguro. Mientras los peregrinos habituales caminaban por senderos llanos y preparados para la devoción, El cristiano se enfrentó a un trayecto extremo: gravilla traicionera que se metía en cada hueco, zarzas que parecían querer abrazarle con mala intención, cactus con pinchos afilados y descampados llenos de cristales que crujían con cada movimiento. Cada metro avanzaba entre gritos de dolor y murmullos de ánimo propio: “¡Esto es por Dios… o por mis rodillas!”

Durante el trayecto, algunos transeúntes le miraban con asombro y confusión. “¿Va en rodillas voluntariamente?”, se preguntaban. Los perros del camino le seguían curiosos, algunos incluso olisqueaban sus rodillas heridas como si fueran ofrendas milagrosas. El cristiano, por su parte, mantenía la mirada fija en el horizonte, convencido de que cada sufrimiento tendría su recompensa divina.

Al llegar a la iglesia, el espectáculo era digno de película: sus rodillas estaban completamente destrozadas, con la piel hecha polvo y los huesos casi visibles. Apenas podía levantarse, pero algo le impulsaba a mirar hacia el altar, donde un Cristo en la cruz parecía señalar con la mirada hacia una pequeña cesta…

El cristiano, con un último esfuerzo sobrehumano, alcanzó la cesta. Y entonces descubrió que estaba llena de dinero. Entre lágrimas, sangre y sudor, agradeció a Dios por tan inesperado regalo y emprendió el regreso a Navarra, esta vez mucho más cómodo… en avión, y en primera clase gracias a la “bendición divina”.

 

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