Los Peretos atracan un banco
En las inmediaciones de Petrer, la tranquila mañana de ayer dio un giro inesperado cuando un grupo de delincuentes conocido como “Los Peretos” —famosos en la zona por su torpeza delictiva y su dieta basada exclusivamente en pipas y cerveza de litro— atracó una sucursal bancaria.
Según testigos, dentro del banco solo se encontraban tres señoras mayores y un perro que las acompañaba de manera no oficial. Todo transcurría con normalidad hasta que Los Peretos irrumpieron en el local armados con un cuchillo de cortar pan, de esos con dientes que ni la Guardia Civil sabe si catalogar como arma o como utensilio doméstico con mala leche.
Los delincuentes obligaron a las presentes a entregar “todo lo que llevaran encima”.
Y lo cumplieron literalmente.
Las tres ancianas —que según estimaciones forenses sumarían entre las tres aproximadamente mil años de experiencia vital— fueron despojadas de cada prenda de ropa hasta quedar en paños menores, mientras el perro observaba la escena con una mezcla de juicio moral y trauma perruno.
Tras conseguir un botín compuesto por:
– dos monederos con cierre de click,
– un pañuelo bordado,
– una pastilla de menta caducada,
– y 3 euros con 40 en monedas de céntimo,
Los Peretos decidieron coronar su hazaña colocándose por la calle la ropa interior de las víctimas.
Los testigos afirman que la imagen era “difícil de procesar”: tres individuos de complexión aparentemente redonda, vistiendo bragas de abuela y sujetadores tamaño catapulta, paseando orgullosos a plena luz del día como si estuvieran en una pasarela de moda geriátrica.
La policía los detuvo sin mayor dificultad a los pocos minutos, ya que la combinación de encaje antiguo, goma dada de sí y estampados florales fosilizados hacía que destacaran entre la multitud. Además, el perro los siguió ladrando, facilitando su localización.
Los Peretos han sido puestos a disposición judicial y esperan fecha de juicio. Dos de las señoras presentaron denuncia… pero la tercera, según fuentes del cuartel, rechazó hacerlo a carcajadas, alegando:
“Total, hijo, hace años que no me quitaban la ropa tan rápido. A ver si repiten.”
El perro, por su parte, sigue en observación traumática.

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